Seminario de Filosofía

El sentido último de la educación consiste en el desarrollo de tus facultades como persona. El ejercicio filosófico —personal— resulta necesario para dicho desarrollo. Buscar educarse, poniendo límites al error propio, es en sí misma una aportación importante a la sociedad.

Tuesday, May 8, 2012

Preparando la décima sesión: Estética y pensamiento creativo

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Contenido

Preparando la décima sesión: Estética y pensamiento creativo

Preámbulo

Texto disparador I: Realidad y ficción

Referencias

Texto disparador II: La medida del hombre

Texto disparador III: La religión como poesía

Bibliografía propuesta

Preparando la décima sesión: Estética y pensamiento creativo

Preámbulo

El ejercicio filosófico incluye, también, la reflexión sobre el papel que juega el arte en la vida humana. Pensar acerca de la devoción a la belleza y la reverencia a lo sublime ofrece otro vasto panorama, lleno de provincias diversas, de indagación sobre la vida interior de la persona. Por medio del arte también conocemos más a uno mismo, en el placer de los sentidos y del espíritu humano. El sujeto y la expresión de su sensibilidad como campo de reflexión hacen de la estética filosófica, también, otra herramienta para transformar a uno mismo desde esa vida interior y no sólo en la superficie.

¿Qué significa ser un creador? ¿Es la creatividad un ingrediente clave para una vida más divertida, interesante y plena? ¿Qué relación puede tener alguien común y corriente, como yo, con la filosofía del arte y de lo bello, o con el ejercicio estético y creativo? ¿Cómo la creatividad conceptual puede ayudar a un individuo a cambiar sus propias ideas y percepciones?

Así como el pensamiento científico está cada día a nuestro alcance —cuando conocemos qué es la ciencia y cómo se elabora— así también la reflexión sobre la belleza y sobre la destreza humana están ahí, como parte de lo que el humano es y puede ser capaz, para ayudarnos a habitar nuestra realidad y para evolucionarla.

Texto disparador I: Realidad y ficción

¿Qué papel juega algo como el arte, como la ficción literaria y el ejercicio estético en la vida del animal humano? Y, quizá también muy relevante, ¿qué papel juegan en la transformación de esa vida? ¿Es posible transformar nuestra sociedad también por medio del arte?

Este breve texto que escribo «aquí», y que usted respetable lector interpreta «allá», no intenta ser un texto propagandista con ideas ya por completo terminadas y bien formadas, listas para consumo cuales productos manufacturados en masa. Sugiero sirva este texto como una invitación a la contemplación y a la meditación sobre la relación entre realidad y ficción, entre lo real y lo posible. Propongo, además, considerar que ese «aquí» y «allá» no son en realidad dos ámbitos distintos sino un solo —muy extenso— ámbito cimentado en nuestra naturaleza neurobiológica: ese prodigio del mundo natural llamado mente humana —toda ella, tanto la mente consciente como la mente inconsciente.

El tipo de contemplación que implica el ejercicio estético incluye ese rasgo de diversión y deleite, ese rasgo «recreativo» que suele estar asociado a lo que nos gusta y disfrutamos, pero también a lo que nos aterra y nos hace temblar —en general a la vivencia y exploración de nuestra «sensibilidad subjetiva». Hay dos conceptos clave resaltados en este párrafo que elaboro brevemente a continuación:

Primero, nuestra «sensibilidad subjetiva» y “el mundo real” no están hechos de algo radicalmente distinto al material de nuestros sueños. Consideremos el porqué. La manera más demostrada para conocer lo que hay afuera de nuestra propia mente es al estilo científico. Pero ese estilo, por supuesto, no es conocer por el principio de autoridad, en particular de ninguna autoridad científica, sino por el desarrollo y la aplicación de nuestro propio pensamiento crítico individual. Aun así, el conocimiento científico es corregible y es mutable; es decir, la realidad científica no es absoluta sino que sus perspectivas —por ejemplo el realismo crítico— ante el conocimiento están abiertas a cualquier posibilidad que demuestre un mejor soporte para entonces tomar su lugar como una nueva realidad científica aumentada o mejorada. Y así, esa nueva realidad científica tendría un mayor alcance para explicar, predecir, describir y controlar el mundo “allá afuera”, afuera de nuestra propia mente. Pero de ese mundo de afuera sólo sabremos aquello dentro de los límites neurofisiológicos de nuestra propia biología. Al mundo afuera sólo podremos conocerlo a través de la ventana de nuestro cerebro humano y el factor de la fisiología cerebral no podría ser removido de la ecuación del conocimiento. Por tanto, un rasgo de una posición científica es la sobriedad para aceptar que habrá aspectos del mundo “allá afuera” ante los cuales es preferible escoger una incertidumbre articulada en lugar de una certeza desarticulada. Un excelente texto, de Juan Rodes, con reflexiones epistemológicas, tiene el título: «La realidad según la ciencia y el constructivismo» [A]. El texto de Juan Rodes me parece un muy notable texto para reflexionar, para indagar más al respecto y para hacer ajustes o remplazos en no pocas de nuestras opiniones sobre “el mundo real” que dicen algunos —en tono absolutista— no puede ser cambiado por los individuos.

Segundo, el rasgo «recreativo» del arte implica crear algo nuevamente o expresar algo nuevo sobre lo ya existente [B]. El narrar relatos sobre la realidad es algo que los humanos siempre hemos hecho para habitar dicha realidad. No es posible hacerlo de otra manera pues no tenemos acceso directo al mundo en sí, al mundo “allá afuera” ya mencionado. A lo largo de la historia de nuestra especie esos relatos han sido diversos y cada vez más sofisticados —estos rasgos provienen de nuestros diferentes niveles de destreza para interpretar lo real. Estos relatos cumplen una función vital para habitar nuestra realidad y para transformarla. Otro nombre que se ha dado a estos relatos en el estudio de la filosofía de lo humano —antropología filosófica— es el de «mitos». Pero mito no como sinónimo de patraña sino como interpretación simbólica basada en el lenguaje —lenguaje como rasgo humano con el que se crean esos relatos para interpretar lo real y para transformarlo [C]. De ahí, en parte, proviene el poder de la ficción literaria como un ejercicio relevante en el humano para entender lo que es nuestro mundo y, así, entendiéndolo entonces transformarlo.

Por ejemplo, recién imaginé y escribí un par de narraciones, dos intentos para ejercitarme en la escritura de ficción literaria. Por supuesto, no es que haya existido un joven conversando con una mujer en la apacible orilla de un río [D], ni tampoco que exista un Anciano Prelado pronunciado un discurso [E], la «existencia física» concreta, en tiempo y espacio, no es el punto del relato sino que ese tipo de conversaciones y ese tipo de discursos «existen» de alguna y muchas maneras.

Referencias

[A] La realidad según la ciencia y el constructivismo — disponible desde cualquiera de las siguientes dos páginas en Internet: primera, o segunda.

[B] El arte como molde

[C] Mito y transformación

[D] Una ficción

[E] «¡Hay un Dios Vivo!»

Texto disparador II: La medida del hombre

La mención de la creatividad suele asociarse con algo positivo. Por ejemplo, el compositor de una magnífica sinfonía clásica, o quien creó la primera computadora personal (Steve Wozniak), o quien compone la última canción de moda que “todos” quieren tener, por su creatividad llegan a recibir calificativos de ¡genios!

La creatividad —la facultad de creación— parece algo muy buscado, especialmente por quien quiere vender sus efectos. Pero me parece que no están buscando realmente la creatividad sino la innovación. La diferencia consiste en que la innovación abarca un rango de destrezas distintas que aquel necesario para la creación. El creador puede hacer surgir algo a partir de su destreza creadora, pero el innovador, por otro lado, es capaz de hacer concreto el valor de lo creado en las manos de otras personas; quienes podrían no contar ni con la capacidad creadora ni tampoco estar próximos al creador de origen. En ese sentido está claro el mérito de ambos, creador e innovador, y así me explico el mérito, por ejemplo, tanto de Steve Wozniak como de Steve Jobs.

Sin embargo, el sentido de la dependencia va de la innovación hacia la creación: no hay nada por innovar sin estar precedido por la destreza creadora. Por tanto, coincido con lo expuesto en el siguiente artículo: Why Are There No Successful Innovation Initiatives? Pues si bien la innovación puede ser una tarea de equipo, ya sea en forma de un proyecto de resolución de problemas o incluso un proyecto de ejecución táctica, ambos con marcado énfasis en el esfuerzo cooperativo, la creación, por otro lado, no se aclimata entre las jerarquías mentales, y mucho menos si estas son rígidas y anquilosadas. El caldo de cultivo para la creatividad se echa a perder ante las normas, los estándares, la obediencia, y la burocracia en general. Para que la creatividad dé frutos suele requerirse un considerable grado de libertad, autonomía, y de riesgo por muchos “re-trabajos”.

Por lo que una organización que se vanaglorie por su creatividad y busque ser coherente al mismo tiempo, deberá primero tomar conciencia del lugar real que tiene la creatividad entre sus políticas burocráticas.

Ahora, la creatividad implica novedad, algo no experimentado antes. Si eso se percibe como positivo para el libre mercado o la ciencia ¿por qué la creatividad está proscrita en algunos ámbitos de suma importancia para la cosmovisión del ser humano, por ejemplo, en el campo de la religión? En particular, ¿por qué permanecer con agotadas teologías de corte dogmático que tan sólo aportan para los problemas de la Humanidad? Por ejemplo, las misóginas teologías que afirman que Dios es de género masculino, y por tanto, lo masculino es lo único capaz de fecundar. ¿Hasta qué punto esto se sostiene hoy en día? ¿No es acaso evidente que tal teología pertenece a un tiempo pre-científico?

De ahí mi curiosidad por la descripción de la fase tres del artículo ya referido al extrapolarla a otro contexto: el contexto de la religión institucionalizada. Pues hace poco escuché la respuesta de una persona en una posición jerárquica dentro de una institución religiosa al preguntarle sobre la mención de los conceptos de la teología de la liberación en sus sermones. Su respuesta fue algo así: “Yo tengo cuentas por pagar y muchos compromisos financieros, yo ya no estoy ni para mejorar mis convicciones ni para intentar cambios en cómo funciona la doctrina actual”.

¿Es acaso que las corporaciones tienden a imitar a quienes consideran modelos a seguir –como los prelados eclesiales? ¿Cuántas personas en posiciones jerárquicas corporativas o gubernamentales considerarán como un servicio a Dios o una misión divina lo que hacen, y que incluso se consideren estar en dicha posición jerárquica debido a la voluntad de Dios, y que, por tanto, no pueden estar equivocados en su proceder, pues consideran sus decisiones casi como de inspiración divina?

Los excesos del iluminismo en religión —la pretensión de tener una relación personal y directa con Dios— se pueden ver tanto en gobiernos ultra-conservadores y sus contra-partidas corporativas. ¿No acaso está presente el ritual de algunos presidentes de hacer juramentos ante la Biblia y al mismo tiempo ordenar todo tipo de guerras en contra de quienes no se sometan a los dictados de su gobierno y se atrevan a tener un Dios distinto?

Pero, ¿acaso esta mentalidad es exclusiva de los prelados jerárquicos? ¿Acaso no también se observa a toda escala social? Como dice un muy estimado amigo: «A toda escala pasa. Algo tiene el poder que el ser humano se ve seducido y se sojuzga».

Lo dejó escrito Aristocles (Platón):

«La medida de un hombre es lo que puede hacer con el poder que tiene»

Texto disparador III: La religión como poesía

¿Será posible que el ser humano pueda permanecer privado por completo de interpretaciones religiosas de su propia vida y del mundo?

En el contexto de las tradiciones religiosas abrahámicas, la fe parece ser una disposición con la que se cuenta por completo o se carece del todo, es decir, no se aceptan niveles de fe. ¿Cómo entender la exigencia de fe por parte de la religión? ¿Por qué la fe es una obligación en el ámbito religioso? Es cierto que la fe como confianza es requisito indispensable para vivir, incluso para iniciar un día es necesario no reconsiderar el supuesto que aparecerá el Sol por el horizonte, esa es la fe animal descrita por George Santayana. Por otro lado, y en el contexto señalado, estamos hablando de la fe teologal, la que, en el caso del cristianismo, dictó dogmáticamente la comunidad que después llegó a ser la iglesia dominante en la Roma antigua. La época actual heredó ese dogma ante el cual se exige una confianza absoluta. Pero, ¿cuál patrón de consistencia podría sostener una confianza absoluta?, ¿sobre qué se basa dicha confianza?, ¿en cuál ámbito se justifica el nivel de confianza exigido por la religión?

Para entender la fe teologal, como certeza articulada, es necesario explicarla en un campo distinto al campo dominado por el conjunto de las fuerzas de la Naturaleza. De otro modo, si se pretende mantener a la fe teologal frente a la dictadura natural, entonces estamos en presencia de una descomunal malinterpretación: confundir la fe como conocimiento, mezclar la fe con lo que debe fundamentar la conducta. De ahí, de ese tropiezo, se llega a la justificación de actos atroces en contra de la humanidad por los cuales la religión, vulgarmente interpretada, se ha ganado tan mala fama.

La fe teologal tiene su justo lugar en formas simbólicas de expresión estética, donde la libertad de conciencia tiene su pleno desarrollo sin presunciones exageradas y sin las consecuencias negativas provocadas al mezclar indebidamente la fe teologal con el campo del realismo. El pensamiento religioso es una interpretación simbólica que comparte el mismo ámbito que el pensamiento poético. La más sublime reverencia y devoción a la idea de lo absoluto —lo sagrado— puede ser expresada libremente y sin límites en el campo poético. Nadie está obligado a aceptar como cierto o falso el contenido de la expresión estética. Ya esto representa un significativo desarrollo de la subjetividad, ya sirve para la vida interna, personal; y al manifestarlo, ya muchos podrían disfrutar y enriquecerse por tal subjetividad a través del pensamiento estético y de su ejercicio.

La libertad de conciencia reina suprema en el pensamiento religioso profundo, así como lo hace en la alta poesía. Una conexión intensa con el lenguaje y con las bases de lo humano, una fantasía creadora y una pasión intelectual, una viva imaginación al filosofar y al teologar, caracterizan a una alta poesía, del mismo modo que caracterizan al ejercicio teológico-filosófico.

Si alguien interpreta estos párrafos como una denostación del pensamiento religioso vulgar —no especializado, por ejemplo el biblicismo o literalismo bíblico—, no está muy lejos de mi intención de fondo; pero enfatizo, claro debe quedar, que no denuesto en modo alguno a las personas en sí, sino a las consecuencias sociales provocadas por las malinterpretaciones populares e incautas. Del mismo modo, si alguien interpreta mis palabras como una exaltación al esmero por indagar y explicarse ese sentido místico-religioso profundo de la vida humana, entonces se acerca a la comprensión de lo valioso en perseguir una teoría teológica libertaria.

Parece necesario aclarar que una teoría teológica puede plantearse tanto para intentar legitimar a los sistemas doctrinales establecidos —por ejemplo por las tradiciones abrahámicas— como para instaurar un nuevo orden en el imaginario personal que nos exima de los agotados dogmatismos de dichos sistemas religiosos establecidos. Dada la gran cantidad de personas que supuestamente son muy religiosas en nuestras sociedades y que al mismo tiempo han sido defraudadas en exceso por sus sistemas doctrinales dogmáticos al no ser debidamente informadas de qué es la religión, es que se hace relevante promover una cultura de indagación teológico-filosófica que nos ayude a proseguir «en la búsqueda de respuestas últimas congruentes con las respuestas próximas que ofrece la realidad científica de la Ciencia natural. Pero sin el temor ni el temblor que proponen las agotadas teologías basadas en dogmas; es decir, sin el opio religioso» —¿Para qué teología filosófica?

La religión, como forma simbólica, servirá también para conocernos a nosotros mismos. Sucede como en la apreciación estética: al reflexionar sobre nuestra experiencia ante una obra artística llegamos a conocer más de nosotros mismos que de la obra en cuestión. El escritor irlandés George Bernard Shaw dijo algo como «El espejo se usa para verse el rostro; el arte para verse el alma». Una teoría teológica, ya sea insulsa o profunda, dice más de quién se la apropia que dice de los dioses.

Bibliografía propuesta

  1. Cuestiones estéticas y artísticas contemporáneas. Adolfo Sánchez Vázquez. Fondo de Cultura Económica. ISBN 968-16-6790-5.

  2. Historia de la estética. Raymond Bayer. Fondo de Cultura Económica. ISBN 978-968-16-2224-4.

  3. Interpretaciones de poesía y religión. George Santayana. KRK Ediciones. ISBN 978-84-8367-058-3.

  4. Creatividad. Edward de Bono. Editorial Paidós. ISBN 978-84-493-2080-4.

  5. Lateral thinking. Edward de Bono. Harper Perennial. ISBN 978-0-06-090325-1.

Libertad y teoría de los valores‏

La aportación acerca de este tema está en elaboración.

Sunday, March 4, 2012

A la fecha

La semilla para el trabajo filosófico germinaría en función de qué y cómo se nutra tal semilla; en buena medida, esa nutrición está en las manos de cada individuo. De la destreza para llevar a cabo la acción de pensar, con claridad y con esmero, depende la calidad de nuestras aportaciones ante los enormes problemas de la especie humana hoy. Todo está entrelazado, como lo sugiere la ciencia moderna con su aproximación a la realidad física a la fecha, y por lo tanto mis acciones afectan al todo. De ahí la importancia de mejorar en la acción de pensar pues de tal se desprende mi conducta consciente.

Así pues, la riqueza del recorrido durante este seminario de introducción a la filosofía depende de cada cual y de su disposición para indagar a fondo los temas planteados; los cuales son temas generales que pretenden abarcar tan sólo una parte de los temas característicos del ejercicio filosófico.


Piensa

«A partir del profesar el oficio de pensar algunos tenemos apenas un insignificante e insípido brote mientras que hay filósofos que, por su esmero y su dedicación a la duda, ya cuentan con una rebosante floresta»piensa.

¿Cuáles son las reflexiones a la fecha en este seminario? Una lista de tales aportaciones se incluyó en una página, más a menos, a mitad del recorrido y la aportación nueva desde entonces la incluyo aquí:

Sunday, January 8, 2012

Preparando la novena sesión: Libertad y teoría de los valores‏

Nota:
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Contenido

Preparando la novena sesión: Libertad y teoría de los valores

Notas

Preámbulo

Texto disparador I: Una ficción

Texto disparador II: Gente normal y ordinaria

Bibliografía propuesta

Preparando la novena sesión: Libertad y teoría de los valores‏

Notas

El presente seminario de introducción al pensar filosófico ha representado para mí una muy intensa incursión reflexiva; ha sido una irrupción voluntaria con la que he sacudido mi espacio interior y he sometido a prueba algunas nociones que consideraba muy importantes. Las nociones endebles no han sobrevivido el examen crítico, otras han necesitado mejoras substanciales, pero lo más relevante, para mí, ha resultado ser la confirmación de abrumadoras lagunas que representan el grotesco tamaño de mi ignorancia. La ignorancia, en sí, no es el problema sino su grado. Me he confirmado lagunas en ámbitos importantes para la vida adulta, tanto en el aspecto personal del ser, el ámbito ético y el científico, como en el aspecto social, el ámbito político y el económico. Estas lagunas sólo contribuyen a los problemas actuales de la especie humana, y, a decir de la conducta observable en algunos así llamados “líderes mundiales”, tales lagunas parecen estar presentes ahí en quién no esperaría que estuviesen; en general, en quien al ignorar la distinción entre lo real y lo posible se finca en una excusa del “mundo real” para no transformarse hacia un mundo posible, distinto al actual.

Los temas de la novena sesión del seminario, Libertad y Teoría de los valores, han resultado ser de una amplitud mucho mayor debido, principalmente, a las relaciones que guardan con otros temas, como por ejemplo la ética, las ciencias naturales; la religión; pero no es que los temas tocados anteriormente no tengan esas mismas relaciones sino que estos tienen, para mí, implicaciones especialmente interesantes y de mucha relevancia para mis propios proyectos filosóficos.

Consecuentemente, una advertencia es propicia, y no es otra que reiterar aquella del pensamiento crítico ante el pensamiento unidimensional: no hay palabra final. Es decir, que sobre un tema siempre será posible seguir debatiendo y siempre será posible mejorar nuestro pensamiento sobre dicho tema. Por lo que parte del esmero necesario para tocar los temas que ahora nos ocupan consiste en permanecer dispuestos para regresar —y de hecho hacerlo— y revisar, y corregir, y reeditar, y ampliar lo ya dicho.

Preámbulo

¿Qué es algo valioso? ¿Cómo sabemos de su valor? ¿Será valioso sólo para mí o será valioso en general para todo ser humano? ¿Qué es un sistema de valores? Si la libertad es algo realmente valioso, ¿tiene sentido averiguar cuánta, en los hechos, tenemos de ella?

Para provocar la discusión y el debate he preparado el Texto disparador I que pretende, apoyándose en el recurso de la ficción literaria, activar la observación del lector hacia lo que él mismo consideraría relevante con base en el sistema de valores que, de manera consciente o inconsciente, elija para valorizar lo dicho en tal texto. Lo que ocurra en el lector podrá ser de beneficio para él mismo cuando desarrollemos, en otra ocasión, los temas de la novena sesión del seminario. El beneficio consiste en contar con evidencia personal acerca de cómo ocurre su propia observación. Esta evidencia será de especial relevancia al desarrollar el tema del ejercicio teórico y cómo éste puede ser usado para la auto-transformación.

Texto disparador I: Una ficción

—El momento que tanto he esperado por fin llega —dice el emocionado joven—; además, ¡este lugar es una maravilla!

—Sí, es un lugar bello y apacible que nos permitirá conversar con toda calma —contesta la serena mujer.

—En primer lugar quiero decir: gracias. El que te tomes el tiempo para conversar conmigo es para mí de un valor incalculable —señala el joven al mismo tiempo que lleva su propia mano a su pecho como signo de la más profunda sinceridad.

—Para mí es un gusto poder servirte en lo que pueda y te prometo poner esmero para llegar a ser de utilidad; aunque debo mencionar que yo misma estoy interesada en esta conversación pues me mueve la curiosidad por aprender de perspectivas distintas a la mía —responde la mujer buscando aclarar sus propias intenciones y esperando que eso ayude para el sosiego del joven entusiasta cuya inquietud es notoria.

—Es un honor para mí tener esta conversación con alguien como tú, con alguien que ha dedicado tanto tiempo y esfuerzo para su propio desarrollo científico y filosófico, y que sobre todo ha penetrado tan adentro de sí misma a través de la reflexión sobre su propio ser —comenta el joven al mismo tiempo que clava su mirada en los bellos y brillantes ojos de quien él ha admirado intensamente desde hace tanto tiempo y de quien, finalmente ahora, puede observar su imagen enfrente suyo; imagen hermosa de un esplendor tal que sólo puede ser congruente con la grandeza que proviene de la humildad y del escrúpulo que caracteriza al ejercicio teorético de esta mujer que él considera la más avanzada en la colosal empresa de esclarecer la condición universal del animal humano.

—¿Para qué me buscaste? —inquiere ella de manera gentil pero firme, mostrándose solícita para abordar lo importante de la conversación y no perder ni un minuto en la periferia.

—No estoy del todo seguro, o al menos no puedo expresarlo con pocas palabras —responde titubeante el joven a la vez que se percata de la pertinencia que ahora tiene, como nunca antes, el ser genuinamente él mismo—, pero sí sé que tus palabras representan para mí lo mismo que las contracciones intrauterinas para quien está a punto de ser expulsado hacia otro nivel de existencia. Quizá te busqué para conocer más de mí mismo; para conocer quién más puedo llegar a ser. No lo sé, quizá la hambre de certezas que alguna vez tuve quedó saciada al corroborar que las convicciones sólo son para quien no ha profundizado en nada. Pero por favor permíteme proseguir con unos temas que he estado meditando y de los cuales me interesan tus comentarios.

—Te escucho —dice la mujer—, ya dilucidarás si lo que acabas de decir resulta una exageración o algo verosímil; ultimadamente, dependerá de tu propia destreza para interpretar la realidad.

—De acuerdo —asiente el joven como quien admite el juicio de un sabio juez cuyo laudo concede atinadamente a cada cual según le corresponde—, y precisamente mi intención es comparar notas contigo acerca de la interpretación de los siguientes asuntos, ¿ya mencioné que he estado meditando sobre ellos?, pues me parecen de los más relevantes para entender mi vida como animal humano que soy; me llama la atención, en especial, lo que pueda entenderse como una auténtica vida adulta humana. Y por ahí quiero comenzar: ¿qué es ser adulto? ¿Cómo deviene la madurez humana? Empiezo por observar que la fantasía juega un papel importante durante la infancia. No olvido mis propias experiencias ante el hecho de recibir regalos en cada Navidad por parte de los Tres Reyes Magos. Así como tampoco olvidaré la interesante experiencia cuando finalmente se esclareció para mí todo ese asunto. ¿Es acaso el derrotero de la madurez un continuo circular entre estados de fantasía y estados de esclarecimiento de la realidad subyacente? ¿Es la fantasía un medio para la madurez o es preferible —o posible— evitarla para llegar directamente al esclarecimiento de la realidad?

—Las dicotomías estrictas me parecen más parte de la fantasía que de la realidad —responde la mujer—, pues si bien por medio del lenguaje en ocasiones es útil distinguir entre bien y mal, entre blanco y negro, entre cierto y falso, esto no quiere decir que la realidad esté obligada a permanecer obediente a los recursos de nuestro lenguaje. Por lo que conviene distinguir entre el mapa y el terreno, y estar dispuesto a cambiar el mapa una vez que ya no describa al terreno. Aquí incluyo también las mismas dicotomías recién aludidas: tanto «fantasía» y «realidad» así como también «mapa» y «terreno». Con respecto a la posibilidad de llegar directamente al terreno de la realidad sin uso alguno de ningún mapa de la fantasía, quiero aludir, en analogía, que el andar humano conlleva el uso de algún medio de locomoción, que la posibilidad del habla conlleva los órganos de fonación; es decir que el acto de conocer el terreno conlleva en sí mismo abrazar la ficción, el fingir, de que hay un terreno por conocer; y la ficción es un tipo de fantasía. Seguramente estás al tanto de los sorprendentes rasgos compartidos entre la ficción literaria y algunas premisas básicas tanto de la argumentación ontológica como de la Teoría del conocimiento, y en general con el ejercicio teorético.

—¿Pero es acaso, entonces, que sí hay mucho soporte en apoyo del relativismo y de las sorprendentes perspectivas de algunas corrientes del posmodernismo más recalcitrante?

—Para dilucidarlo tendrás que necesariamente tomarlo con mucha calma y primero profundizar en los conceptos que recién mencionas —contesta la mujer con toda la paciencia que le da su propio y perenne recorrido por la clase de preguntas que su interlocutor presume abordar— pues no hay algo que ofusque más al entendimiento que el pretender decir algo sobre lo que tan sólo se ha tocado en su superficie. Utilizar, a la ligera, palabras grandilocuentes como «relativismo» o «posmodernismo», sin antes haber tomado en serio el ejercicio científico y filosófico, puede fácilmente derivar en la más infecunda verborrea. Seguro estás al tanto de eso.

—Es cierto, gracias por ayudarme a recordar esto —concede el joven—: nada es tan simple como parece. Quizá aún mantengo un remanente de mi disposición por la pereza mental que me llevó en el pasado a buscar y acatar, sin chistar, las respuestas “prácticas” de la inercia colectiva prevaleciente.

—Por otro lado —apronta a decir la mujer—, déjame alegar que esos mismos conceptos, una vez discernidos en su justa dimensión científica y filosófica, implican un notable desarrollo personal que cimenta, en buena parte, una autentica vida adulta humana: la parte que ya no puede postergar más el encuentro frontal con la complejidad. La necesidad de la tutela mental y física para un infante humano es evidente pues nadie espera que sobreviva mucho tiempo por sí solo. Pero sí se espera que este mismo humano madure y quede desprendido de sus constringentes tutelas, pues si algo puede nombrarse como naturaleza humana es tan sólo aquella de su potencialidad. Así, parte de la madurez es enfrentar por sí mismo lo complejo de habitar efectivamente la realidad. El alimento no aparecerá más sin esfuerzo ante nosotros como ocurría en la infancia, pues ahora el adulto toma en sus manos la responsabilidad de conseguirlo. Claro, aquí no sólo me refiero al alimento necesario para la vida biológica sino al alimento para una vida interior plena de emoción, raciocinio e intuición.

—Bien —responde él disponiéndose a avanzar en la conversación—, me queda claro entonces que la adultez humana incluye reconocer una amplia gama de tonalidades de gris al analizar temas no triviales y que requiero graduar dicha gama para interpretar mejor la realidad. Además, que la adultez implica enfrentar la inherente complejidad de esa realidad humana, y que esa complejidad suele revelarse como una intrincada red de niveles superpuestos que emergen en la medida que le ponemos más atención. A lo que podemos aspirar es a administrar dicha complejidad pues nunca será posible eliminarla, tan sólo reconocerla de una manera cada vez más profunda y gradual...

—Pero no sólo eso —interrumpe ella— pues tus conclusiones deberán estar acompañadas necesariamente de su debido contexto y de sus debidos límites para entonces ser consideradas como conclusiones provenientes de un adulto con un estado desarrollado de conciencia; ya que tal estado de conciencia involucra la comprensión de que como humanos somos seres históricamente gregarios; es decir, inescrutablemente apegados a nuestro nicho ecológico y nuestros condicionamientos socioculturales. Prosigue por favor.

—De acuerdo. Quiero ahora discutir mi conclusión provisional a la fecha con respecto a un rasgo constante en la búsqueda por la madurez; misma que, dadas las condiciones del mundo hoy, la humanidad necesita apremiantemente, empezando por mí mismo. El rasgo es aquel de la más fundacional y básica acción filosófica: dudar. Y la conclusión es que el dudar, y ser cada vez más hábil y agudo en hacerlo, es un camino eficiente y eficaz hacia la madurez humana. Tal conclusión más que provisional debiera llamarla provisoria. Pues con la diseminación, desarrollo y persistencia en dicha conclusión se aporta más para la sobrevivencia de la especie humana que se aporta con el optimismo ingenuo proveniente de la simpleza y descuido de creer ciegamente en dogmas. Sólo al permitirnos dudar es que esclarecimos el asunto de los Tres Reyes Magos, y tengo unos ejemplos de dogmas más relevantes de cuyo esclarecimiento depende el porvenir de las futuras generaciones en este planeta, o en otros planetas si es que la humanidad se acerca peligrosamente al inevitable problema del final natural de la estrella más cercana, el Sol, dentro de aproximadamente cinco mil millones de años.

—¡Caracoles! Amerita tomarlo con calma, joven amigo —replica la prudente mujer ante semejantes conclusiones—. Aquí debo anotar dos consideraciones: primera, la acción básica de dudar requiere un desarrollo progresivo para lograr resultados que sean distintos a la parálisis nihilista provocada por interpretaciones vulgares del escepticismo filosófico; es decir, para que el oficio de la duda produzca un mejorado estado de cosas es indispensable primero desarrollarlo a través de grados superiores de indagación. La diversidad de métodos de investigación científica y filosófica ayuda a formular preguntas cada vez más relevantes. Para luego llegar al grado en el cual tales preguntas relevantes se conviertan en cuestionamientos debidamente planteados y sustentados que puedan cambiar el curso de la historia; tal y como el devenir histórico demuestra que ha sido el caso en varias ocasiones. Tal progresión quedaría expresada por el aforismo: primero dudar, luego preguntar, para entonces cuestionar. La segunda consideración consiste en sugerirte no poca cautela con tu conclusión pues al tratar de comunicarla inevitablemente dependerás de la capacidad interpretativa del receptor. ¿No sería mejor emplear el diálogo, la discusión y la argumentación para que el potencial receptor llegue por sí mismo a sus propias conclusiones? Pero por favor continúa, pues me interesa escuchar los otros ejemplos que has aludido.

—Notables consideraciones, muchas gracias —responde el joven entusiasmado, disponiéndose a enunciar los ejemplos que él considera le costaron tanta reflexión y esfuerzo corroborar—. Quiero mencionar a continuación algunos dogmas que, dada su prevalencia y sus efectos en la sociedad en general, se hace necesario dudar en serio de su utilidad y dudar de la manera con la que se han abordado históricamente hasta el día de hoy. Y son: el sistema monetario mundial, el realismo ingenuo, la idea de Dios en religión, el concepto de educación, y la pertinencia actual del concepto de Estado. Pero quiero establecer de antemano que no estaré aquí develando ningún tipo de hallazgo inédito. Pues todos los dogmas mencionados ya cuentan, desde hace ya tiempo, con cuestionamientos y planteamientos alternativos mejor formulados que seguro tú, dada tu estatura intelectual y cultural, ya debes conocer. Me llama la atención que la mecánica de todos estos dogmas guarda grotescas similitudes con aquel juego de los Tres Reyes Magos entre adultos e infantes durante las navidades.

—Bien, adelante por favor —anota ella con una creciente curiosidad y expectativa por lo que pueda venir a continuación de este joven cuyo entusiasmo no parece ahora permanecer como su más distintivo talante.

—El primero es el dogma del dinero —prosigue el joven— ¿acaso, incluso, no se escucha ese dicho vulgar de “la muerte y los impuestos” como las únicas certezas de la vida humana en relación al dinero como bien absoluto y mal necesario? Es muy escaso encontrar a una persona, supuestamente adulta, que no se oriente en la vida principalmente con base en los presupuestos del dinero; por el contrario, lo común son personas que aceptan tales presupuestos que, como anteojos, usan de manera exclusiva para interpretar la realidad. Pero el punto aquí es que el sistema monetario mundial se basa, desde su diseño mismo, en la perenne permanencia de la escasez y en el incremento de la deuda financiera para funcionar. Las debacles financieras por las que grandes porciones de la sociedad se agitan no son una anomalía funcional del sistema monetario sino son precisamente efectos propios de cómo funciona dicho sistema. Muchos economistas, como profesionales especializados en el tema, desde hace tiempo han advertido del estado caduco y perjudicial de este sistema. Pero el común de la sociedad acepta el dogma en plena impotencia, ya sea por ignorancia, por conveniencia gremial, o por una imperante necesidad para sobrevivir un día a la vez.

—Sí, estoy al tanto de eso y de la diversidad de diseños sociales ya planteados para la transición mundial hacia sistemas alternativos —comenta pensativa, con la mirada perdida por un momento, más para sí misma que para informar a su joven interlocutor.

—El siguiente dogma —continúa él— concierne lo que se conoce en Gnoseología, o Teoría del conocimiento, como «realismo ingenuo» y consiste en afirmar que la realidad es exacta y nítidamente como yo la percibo por medio de mis sentidos, en particular por el sentido de la vista. Si no lo veo, no existe; ni más ni menos. Quienes controlan los medios de comunicación masiva, en particular los medios visuales, saben lo diseminado de tal condición gnoseológica. Por tal condición grandes porciones de la sociedad adoptan una cosmovisión impuesta exclusivamente por la vista, y que les orientará para todo su pensar, su decir, su actuar, su creer; una cosmovisión enana y estrecha para una sociedad teledirigida subyugada ante las demandas del consumismo y el mercantilismo. Pero los efectos perjudiciales del realismo ingenuo apenas se vislumbran pues además tiene implicaciones evolutivas de gran envergadura; como Giovanni Sartori, en su Homo Videns - La Sociedad Teledirigida, y otros antes que él ya lo han advertido: «Un mundo concentrado sólo en el hecho de ver es un mundo estúpido. El homo sapiens, un ser caracterizado por la reflexión, por su capacidad para generar abstracciones, se está convirtiendo en un homo videns, una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende.» Esta condición tiene otra alarmante consecuencia que consiste en la pérdida de la capacidad para el ejercicio teorético. Así las masas sociales amorfas y sujetas de manipulación propagandística pierden un recurso indispensable para interpretar eficazmente la realidad. Permanecen en una estrecha y exacerbada malinterpretación de lo “práctico” como sinónimo del bien indiscutible tal que desprecian como “impráctico” al ejercicio simbólico del conocimiento teórico y perseveran tan sólo en una narrativa cortoplacista. La ausencia de esta capacidad se hace también muy notoria para los problemas de la religión y la teología que mencionaré más adelante. Pero, debe decirse, los efectos perjudiciales del realismo ingenuo no terminan ahí —continúa apuntando el joven; cuyas palabras han captado un especial interés en la mujer a quien él admira tanto por su agudo sentido crítico, y en cuyos ojos ahora centellea un particular brillo que tan sólo impulsa al joven a continuar pensando y discurriendo— sino que abarcan, además, la esfera de influencia de la comunidad científica sobre el resto de la población. La idea de la materia como realidad última parece haberse tornado en un dogma que otorga a la comunidad científica el poder para dictar la última palabra acerca del mundo natural y sus fenómenos; sean estos cosmológicos, evolutivos, ecológicos, químicos, biológico-genéticos, o sean dentro del campo de los avances tecnológicos. Mientras que no hay bases suficientes para tal exclusividad. Es decir, el enigma cuántico dentro de la física teórica de partículas elementales, que por cierto es la base sobre la que se apoyan todas las demás ciencias, parece ser el secreto mejor guardado de la comunidad científica contemporánea: no sabemos qué es el mundo en sí al nivel más fundamental, pues desconocemos si ese nivel fundamental es un corpúsculo o es una onda oscilando a determinadas frecuencias. Para todos los propósitos prácticos, hacia los cuales se desarrolla la ciencia y la tecnología modernas, contamos con la base pragmática de la interpretación de Copenhague de la Teoría cuántica. Interpretación que Erwin Schrödinger y otros finos maestros científicos derivaron con base en el impecable registro de predictibilidad de dicha teoría; predictibilidad que ha permanecido insuperada, aún a la fecha, por ninguna otra teoría física. Pero para propósitos explicativos de mayor calado teorético, sobre la naturaleza fundamental del Universo, la física moderna cae de rodillas ante tan colosal desafío. La actitud reservada de la comunidad científica se explica ante el temor de ceder campo a favor de sus adversarios en comunidades de filosofía, de teología, de religión, de política, y de comunidades que afirman realidades sobrenaturales. Pero el temor no me parece ser algo por lo cual deba orientarse una comunidad científica que se precie de serlo. Pienso que es muy necesario abrazar las implicaciones generales del enigma cuántico y pienso que tales implicaciones deben ser abordadas no sólo por la comunidad científica sino por cualquier comunidad que se prepare a conciencia para estar a la altura de la tarea. Por supuesto, incluso el público en general necesita ser debidamente informado del estado de cosas en lugar de dejarles permanecer en la ignorancia al respecto y en lugar de dejarles poner en altares a científicos oportunistas. Por favor, comparte conmigo la opinión que te merece este punto.

—De acuerdo, te diré una reflexión sobre el enigma cuántico —responde apaciblemente la mujer, quien ahora cree haber obtenido una valoración inicial, pero sobria, del estado de conciencia de su joven interlocutor y puede por tanto proseguir con más apertura a partir de los límites que ella misma ha encontrado en su propia búsqueda—. Observa el cauce de este río en cuya orilla estamos ahora sentados. En apariencia es un mismo cauce pero su materia nunca es la misma; algo de razón tuvo aquel filósofo presocrático quien dijo: «todo fluye». Este cauce es diminuto comparado con el océano al que está conectado, y es una parte de ese todo que nombramos como la hidrósfera del planeta Tierra. Un suceso local repercute en lo global; ahora lo sabemos. El nivel fundamental, al que por ahora nos hemos acercado más gracias a la Teoría cuántica, está íntimamente relacionado con el nivel astronómico global, pero de ello tan sólo tenemos fragmentos y atisbos de nuestra colosal brecha de conocimiento. Aún ignoramos la mayor parte tanto a escala subatómica como a escala cosmológica; es decir, la parte que conocemos del Universo está hecha de átomos pero esa parte es menor al cuatro por ciento del Universo y hoy la ciencia no sabe, y nadie lo sabe, de qué está hecho el resto. Le hemos llamado materia oscura y energía oscura en alusión a que son aún opacas, desconocidas, para nosotros. Las galaxias, hechas de los átomos observables en el Universo, son como pequeñas lámparas en el punto más alto del mástil principal de enormes buques negros, que representan la materia oscura, navegando en un gigantesco océano negro, que representa la energía oscura, cuyo tamaño aumenta aceleradamente debido a su comprobada expansión. Esta analogía ofrece un atisbo de la proporción de cantidad entre los átomos conocidos en el Universo y la materia oscura y la energía oscura. ¿Qué es y de dónde proviene la materia y la energía oscuras que llenan el espacio expandido? Es también un enigma. Pero sospechamos que ambos enigmas, al contemplar el enigma cuántico, están relacionados; pues el nivel físico fundamental parece también ser oscuro. Para poder avanzar ante tales enigmas necesitamos, en definitiva, toda la habilidad teorética que podamos conseguir tanto del pensamiento crítico, del pensamiento creativo, y del pensamiento valoral; pensamientos cuyo conglomerado se le conoce como el pensamiento de orden superior. Toda aportación es bienvenida en la mesa de trabajo.

—Los siguientes dos dogmas, la escuela y el Estado, los mencionaré como uno sólo pues ambos se derivan de un dogma común subyacente —prosigue el joven acompañado de la satisfacción, hasta este punto, de una enriquecedora conversación— y es el tema de la autoridad. En particular, el principio de autoridad sobre el cual se basa tanto la idea de la escuela como el concepto de Estado. El dogma religioso institucional lo mencionaré al final, ante el cual sé que estás involucrada de manera directa, emocional e histórica. Aclaro que aquí con escuela me refiero al esquema escolarizante inventado para satisfacer las demandas del industrialismo, esquema cuyo diseño sigue las pautas de ese mismo industrialismo como línea automatizada de producción de mano de obra con base a modelos preestablecidos por demanda del poder económico. Aclaro también que no tengo ningún problema de rebeldía en contra de la autoridad pues entiendo bien la necesidad y el valor que aporta a la sociedad el concepto de autoridad así como las premisas de competencia o pericia sobre las que se sustenta tal concepto. El problema que aquí apunto estriba precisamente en la ausencia de tales premisas en los hechos de la vulgar o descuidada interpretación tan diseminada hoy en día de la idea de autoridad; donde la ineptitud usurpa el lugar de la habilidad y, por tanto, la autoridad ha desaparecido. Así que no es rebeldía sino un acto de exigencia; en el cual, como individuo, exijo aptitud en quien pretende ostentar autoridad y así tal autoridad exista de manera auténtica. Me gusta la autoridad en la escuela y en el Estado. Me gusta comprender y apropiarme de la dirección de alguien con destreza y verdadera autoridad que entienda el rumbo hacia un mejor bien común. Pero así mismo desprecio la ilusión de autoridad. Desprecio el rol del vulgar e inepto usurpador que pretende apropiarse oportunistamente de una posición de autoridad basada en poses jerárquicas y cotos circunstanciales de poder. Desprecio la posición del proxeneta que se apropia del esfuerzo o del talento de otros, a quienes mantiene en sumisión cual ganado, sólo para beneficio propio o para el desproporcionado beneficio del siguiente proxeneta en una ilusoria jerarquía. El defecto con la escuela y el Estado, cuando son entendidos dogmáticamente, inicia desde las vulgares interpretaciones prevalecientes del principio de autoridad. El defecto deriva en una trágica tergiversación con la cual se confunde escolarización con educación y Estado con gobierno. La evidencia de las consecuencias es observable en la sociedad. Para una mínima, pero relevante, muestra de tal evidencia: pregúntale a una persona si ubica su propia posición relativa a los grandes problemas en la sociedad de la cual es parte. Pregúntale si se ubica como parte del problema o como parte de una posible solución, y cómo y por qué. Pregúntale si quien tiene que cambiar de orientación en la vida es ella misma o si quien debe cambiar principalmente son los demás. Luego pregúntale y pídele cuentas a las instituciones educativas y al Estado, quienes supuestamente fueron responsables de la educación de esa persona. ¿Qué piensas cuando contemplas las condiciones actuales de las sociedades en la especie humana?

—Hoy aún prevalece lo fragmentario en las distintas y principales cosmovisiones que rigen el pensamiento y la conducta humanas —contesta la mujer—. Todavía se le da un desproporcionado peso a la distinción entre diferentes orientaciones sexuales, raciales, políticas, religiosas, sociales, económicas, geográficas, culturales, teológicas, etc., y el resultado son los prevalecientes sectarismos y nacionalismos que impiden interpretar efectivamente la corroborada realidad genética: son una sola especie humana. La mayoría vive en su cultura y carece de una vista panorámica de la realidad intercultural y supracultural. Un ejemplo que ilustra la situación es aquel del joven, en el Imperio Romano del primer siglo, que pregunta a su padre si podrá acompañarlo al circo para ver el espectáculo de leones hambrientos devorando niños cristianos vestidos con piel de oveja, ante lo cual el padre contesta: “sólo si te comportas bien en la casa y en el vecindario”. La mayoría de los individuos aún reflejan su cultura y son víctimas de su propia cultura. Al parecer los individuos ignoran, o elijen ignorar, que no están obligados a interpretar la realidad de la misma manera inercial provocada por su pequeña y estrecha cultura. No parecen entender que, como ya mencioné antes, si algo podría llamarse naturaleza humana es su potencialidad para definir su propia naturaleza. La analogía con la masa que tomará la forma del recipiente que la contiene ayuda a ilustrar el asunto con la naturaleza humana, y lo más importante es reconocer que dicho molde puede ser cambiado por otro a través del ejercicio simbólico que parte del lenguaje y que se manifiesta plenamente en el esfuerzo teorético distintivo del animal humano plenamente desarrollado. Aquella frase no carece de sentido: «no hay nada más práctico que una buena teoría». Por otro lado —continúa diciendo la mujer—, una sociedad humana realmente funcional necesita estar compuesta de individuos plenos desde su infancia. Pero aún hoy, desde la niñez, predomina el miedo, el dolor, el odio, el egoísmo, y toda clase de miserias culturales y el resultado se puede ver en individuos, supuestamente adultos, cuya conducta nos obliga a preguntar ¿cuánto amor y comprensión le habrán hecho tanta falta desde la niñez que tiene ahora que intentar llenar esos enormes huecos en su ser con lo proveniente del consumismo, del mercantilismo, o de algún otro desenfreno?

—De acuerdo, gracias por compartir tus pensamientos conmigo —dice el joven sintiendo una enorme fortuna por ser el interlocutor de quien ha buscado conocer, y con quien ha anhelado platicar, durante casi toda su vida consciente—. El último dogma que quiero mencionar es aquel invocado por el vocablo «Dios» en el contexto de las religiones institucionalizadas —anuncia el joven al mismo tiempo que observa atento cualquier expresión en el terso y delicado rostro de la mujer, mismo que es iluminado por la luz reflejada en la superficie del río, y matizado tenuemente por la sombra oscilante de las hojas del árbol que les ha abrazado durante esa fresca tarde de otoño.

El joven, en su búsqueda por este encuentro, llegó a saber que el tema «Dios» ha calado hondamente en ella desde los albores de la actual civilización humana por causa de la aún poca destreza de esta civilización para interpretar su realidad antropológica.

—Bueno, está bien; prosigue —indica ella al abandonar su mirada, ahora taciturna, en las tranquilas aguas del río enfrente suyo; su voz ahora es pausada, titubeante, y con un tono que revela un nivel elevado de turbación debido a los recuerdos de hondos y dolorosos sentimientos que de pronto se agolpan en ella por la sola mención del tema que desde hace mucho le ha hecho padecer intensa agonía y sufrimiento.

—Tocaré brevemente sólo el punto que hoy veo como el más grave de este tema —apronta él a añadir al advertir la expresión dibujada ahora en el rostro de la mujer, expresión que evoca una sutil súplica para que él sea gentil con las palabras que está por pronunciar, como si con sus palabras pudiese agravar una herida abierta y aún punzante en su anhelada y teorética mujer que ahora, por un momento, le parece como una delicada y frágil flor—, y consiste en que siendo la religión profunda algo tan importante para el ser humano, y en el centro del tema lo que puede evocarse en el interior humano al mencionar «Dios», lo que prevalezca del tema en la mayoría de los humanos sean interpretaciones vulgares avaladas por, o incluso provenientes de, prelados jerárquicos e instituciones religiosas anquilosadas cuyas principales preocupaciones son la prevalencia de sus perversas políticas moralizantes y la prominencia de sus aparatos de poder sobre el mayor número posible de personas. Insisto: la religión profunda es algo muy importante para el animal humano, pues representa una forma simbólica para interpretar la realidad que, desde el humano primigenio, le ha permitido habitar una realidad que no alcanza a entender. La religión profunda es una narrativa simbólica que permite al humano continuar morando un ambiente dominado por el conjunto de las fuerzas de la Naturaleza, en un ambiente dominado por la imponente y hostil realidad natural. Pero ante todo —continúa diciendo el joven al mismo tiempo que busca tocar con su mano la barbilla de ella, levantar su inclinado y abatido semblante, y buscar encontrarse con sus intensos y sollozantes ojos—, y tengo un atisbo del porqué de tu profundo dolor, eso llamado religión no ha llevado a los humanos a conocer a «Dios», y lo sé pues «Dios» no es lo que piensa la mayoría, pues no le conocen como lo que es.

—Esta etapa ha sido muy dolorosa para mí —comenta la mujer al mismo tiempo que corresponde a quien buscó su mirada—, desde hace eones que he compartido el camino de la evolución junto al animal humano, pero en esta etapa, con la aparición del pensamiento religioso institucionalizado, estoy atravesando por intensos dolores al contemplar la condición humana, una condición en la que el humano se ha abandonado a la superficialidad y se ha perdido en los brazos de usurpadores como, por ejemplo, el dogmatismo exagerado, al que llaman “fe”, confundido con la confianza sustentada; la ignorancia y el estado enajenado elevados a grado de virtud; el cortoplacismo y la mezquindad tomadas como pragmatismo razonado, y ya no quiero ni mencionar lo que ha causado la elevación del dinero a niveles insospechados de genuflexión y disimulada esclavitud a costa de una oscura depravación del espíritu libre, curioso y creativo del animal humano. Me hiere profundamente, pues me parece aberrante, aquello a lo que refieren muchos al decir «Dios» atribuyéndole ridículas propiedades de omnipotencia, omnisciencia, y al mismo tiempo la incongruente capacidad de la creación del Universo. Es el resultado de la mala teología. Mi presente pesar inició, lo recuerdo vívidamente, desde los primeros embates de aquellos médicos brujos primitivos, hace más de catorce mil años en la región ahora conocida como Oriente Medio, quienes tomaron para sí, en arrogante autoproclamación, el papel de intermediarios entre su idea de «Dios» y el animal humano individual. La situación se agravó cada vez más con cada nuevo tipo de médico brujo que se mantenía en ese papel de intermediario. Pero ya veo la luz al final de este sombrío túnel, estoy impaciente por las etapas venideras, pues observo que a pesar de que las religiones institucionalizadas insisten en promover interpretaciones vulgares que mezclan las creencias de lo sobrenatural con el campo del realismo, he también observado, desde hace ya siglos, una cantidad creciente de buena teología, la cual es antropología, que muestra claramente que no hay ‘nada’ allá afuera; y al hacer tales afirmaciones su intención no es negar la realidad de «Dios» sino salvaguardar su trascendencia. La cual es similar a la trascendencia que tienen los mecanismos de la ficción literaria. Y son trascendentes pues esos mecanismos de interpretación simbólica representan lo mejor de la idea de religión, y de «Dios» en el centro, pues ese andamiaje para el ejercicio interpretativo tiene el potencial de transformar al individuo y transformar la realidad que habita; y no sólo eso, esta destreza interpretativa, sujeta de desarrollo, tiene el potencial de lograr el cambio de molde que mencioné hace rato al hablar de la naturaleza humana, a través del esfuerzo teorético. Por ejemplo, para que cada humano formule su propia teoría teológica, digna y libertaria.

—Toda mi vida había soñado con este momento —dice el joven, de nuevo emocionado—: el día en que pudiera encontrarme frente a frente contigo. Comprendo por lo que has pasado. ¿Qué puedo hacer yo para aliviar tu dolor?

—Conócete a ti mismo —responde la mujer con confianza y con un nuevo semblante—; es decir, nunca dejes de indagar qué significa ser un miembro de la especie humana.

El joven, sintiéndose muy feliz y pleno, cierra los ojos por un momento para asimilar más intensamente esos momentos de tan grande, y esperada, experiencia. Abre lentamente los ojos y observa su propia imagen reflejada en las tranquilas aguas del río enfrente de sí. Al mismo tiempo que observa cómo algunas aves y animales pequeños se han acercado con confianza para beber agua del río, pues no ha habido sonido alguno por un largo rato, ya que desde que el joven llegó a sentarse a la orilla todo ha permanecido en completo silencio.

Texto disparador II: Gente normal y ordinaria

¿Prefiero la libertad por encima de la seguridad? ¿Es más importante para mí la justicia en comparación con la compasión? ¿Vale más la obediencia por encima del librepensamiento? ¿Cómo se relacionan mis valores morales a la hora de actuar? ¿De dónde proviene lo valioso? ¿Qué es lo que lo hace valer? Si mi conducta y mis decisiones son también el resultado de lo que considero valioso entonces tendrá sentido tomar conciencia del sistema de valores del cual procede dicho valor. ¿Es acaso que un genocidio sólo puede ser perpetrado por gente que sufre algún tipo de demencia o será que los actos extraordinarios de maldad están al alcance de gente normal y ordinaria?

¿De qué es necesario estar consciente, a tiempo, para no sorprenderse al encontrarse atrapado en un sistema de valores incoherente, en un sistema de valores desconectado de la realidad? El análisis de la historia —a veces con ayuda del arte— es parte de la construcción de esa conciencia personal. Los genocidios no iniciaron cuando se impartieron las órdenes ejecutivas sino que iniciaron, por ejemplo, al aceptar a la bravuconería y a la intimidación —lo «bully»— como algo “normal”, y luego se desarrollaron gracias a sistemas de valores por los cuales el genocidio llegó a ser lo más “correcto”, lo más “noble”, por hacer. Otro factor qué alimenta el desarrollo de la discriminación y el genocidio es la moralina —moralidad inoportuna, superficial o falsa— por la cual se establecen por decreto barreras imaginarias entre “ellos” y “nosotros”.

Para ilustrar lo anterior, remito un fragmento de la obra cinematográfica cuyo título en español es: La solución final.

La película referida, del director Frank Pierson, está basada en el hallazgo de una minuta encontrada en los archivos de una oficina del Tercer Reich del nacionalsocialismo nazi, una minuta de la reunión que sostuvieron los líderes ejecutivos de lo que luego fue conocido como el Holocausto.

¿Fueron los líderes políticos y militares quienes llevaron a cabo el Holocausto? Las elites de “liderazgo”, como arquitectos intelectuales de los genocidios, no se mancharon las manos con la ejecución directa y el trabajo sucio de seguir sus órdenes, fueron gente ordinaria, normal, la que cometió y ejecutó tales planes. Muchos de los cuales, según el trabajo de James Waller, declararon en sus juicios que no se detuvieron a pensar si era correcto hacerlo, algunos dijeron que si no lo hacían entonces sí sentían que estaban haciendo algo muy equivocado: desobedecer a su autoridad.

De ahí la importancia de, entre otras cosas, entender qué es autoridad y cuáles son los límites de la obediencia.

Bibliografía propuesta

  1. Introducción a la ética. Raúl Gutiérrez Sáenz.

  2. Ética. Adolfo Sánchez Vázquez.

  3. Introducción a la filosofía moral. James Rachels.

  4. Reflexiones sobre filosofía moral. Immanuel Kant.

  5. Crítica de la razón práctica. Immanuel Kant.

  6. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Immanuel Kant.

  7. Introducción a la filosofía. José Rubén Sanabria.

  8. Ética a Nicómaco. Aristóteles.

  9. Ética sin religión – para una educación cívica laica. Esperanza Guisán.

  10. La Biblia – Antiguo y Nuevo testamento.

  11. Ética sin metafísica. Günther Patzig.

  12. Crisis y reconstrucción de la filosofía. Mario Bunge.

  13. Enseñar filosofía en el siglo XXI – herramientas para trabajar en el aula. Fernando Cazas.

  14. Más allá del bien y de mal. Friedrich Nietzsche.

  15. Antimanual de filosofía. Michel Onfray.

  16. Ética como amor propio. Fernando Savater.

  17. Ética para Amador. Fernando Savater.

  18. Ética. Baruch de Spinoza.

  19. El utilitarismo. John Stuart Mill.

  20. Sobre la libertad. John Stuart Mill.

  21. El contrato social. Juan Jacobo Rousseau.

  22. Sobre la sexualidad femenina. Sigmund Freud.

  23. Becoming Evil: How Ordinary People Commit Genocide and Mass Killing. James E. Waller.

Sunday, October 23, 2011

Ética y filosofía moral

La aportación acerca de este tema está en elaboración.

Thursday, July 21, 2011

Preparando la octava sesión: Ética y filosofía moral

Nota:
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Contenido

Preparando la octava sesión: Ética y filosofía moral

Introducción

¿Éticamente?

Texto disparador: Y usted, ¿qué haría, y por qué?

Bibliografía propuesta

Preparando la octava sesión: Ética y filosofía moral

Introducción

¿Cómo debo comportarme y por qué? ¿Es posible que el mismo criterio pudiese ser utilizado por toda persona en todo el mundo y en toda época? Así, con ese tipo de preguntas, podría iniciar una reflexión ética. Pero, ¿qué es la ética? ¿Qué es la moral? ¿Es la moral y la ética lo mismo? Ambos símbolos lingüísticos refieren ultimadamente a determinada orientación para el comportamiento humano pero lo refieren desde niveles de abstracción distintos.

¿Qué es un nivel de abstracción y cómo nos ayuda a comprender la distinción entre moral y ética? Un nivel de abstracción representa un grado de generalidad o particularidad con el cual interpretamos algo. Por ejemplo, consideremos alguna pintura famosa, digamos La Gioconda. ¿Con cuáles niveles de abstracción podríamos interpretarla? Tantos como intereses o perspectivas haya y en función del propósito de la interpretación. Para un análisis de experiencia estética se requiere un nivel de abstracción distinto que para un análisis de los componentes físico-químicos del tinte y del material del lienzo para mayor conservación de la obra. Ambas perspectivas pueden ser aplicadas exactamente a la misma pintura y sin que una tenga obligadamente relación con la otra. Aunque ambas ciertamente son aspectos del mismo objeto bajo consideración. Por lo que la destreza para enfocar mentalmente diferentes niveles de abstracción es una habilidad muy útil para analizar más ampliamente un asunto de nuestro interés. Para una debida formulación teórica de las perspectivas o aspectos bajo los cuales se puede estudiar algo contamos con la teoría de la materia y de la forma del conocimiento; con la cual se distingue el objeto material de estudio (el tema en lo general) del objeto formal (el aspecto particular a considerar) en una indagación filosófica o científica.

Así, la moral y la ética, al considerarlas más detalladamente, se ubican en diferentes niveles de abstracción: mientras que la moral se refiere a las normas concretas de conducta observables en el comportamiento de las personas en una sociedad en particular, la ética se refiere a la reflexión y al análisis que se hace acerca de tales normas concretas. En otras palabras, la moral es el conjunto de normas establecidas en una sociedad mientras que la ética es la acción reflexiva que un individuo hace acerca de su conducta propia y acerca del comportamiento observable a su alrededor. Una distinción, por tanto, entre moral y ética consiste en su origen: mientras que la moralidad tiene un origen externo al individuo, el origen de un comportamiento ético proviene de la reflexión misma ocurrida en el interior del individuo.

¿Al hacer ética estamos haciendo filosofía de la moral? Pensar filosóficamente acerca de un tema tiene como uno de sus rasgos esenciales el buscar la verdad última detrás de ese tema en cuestión. Así, una pregunta que da inicio al pensar filosófico de, por ejemplo, la sociedad, sería: ¿cuál es la idea de la sociedad? Luego entonces a todo el caudal reflexivo que se deriva de tal pregunta se le llamaría: filosofía de la sociedad. Por tanto, la ética y la filosofía de la moral son términos que remiten a lo mismo, al mismo tipo de reflexión. Así que, la reflexión ética es equivalente a examinar críticamente la idea de moralidad.

¿Éticamente?

¿Qué quiere decir aquel que nos exhorta diciendo algo como: “debemos comportarnos éticamente”? ¿Será el caso de otra buena intención? O quizá es una manera inconsciente de decir: “queremos que te comportes de acuerdo a una moral específica” —sea esta última la del contexto particular del exhortador—. La posible respuesta depende, claro, del estado de conciencia de quien pronuncie el exhorto.

En el mejor de los casos, es decir, el caso de quien acostumbre desarrollar un nivel de conciencia un poco más allá del nivel popular, creo que querrá decir simplemente: compórtate reflexionadamente.

En otras palabras, y siguiendo algunos rasgos de la idea ya sugerida por varios pensadores en la Historia: haz lo que quieras, pero reflexionadamente, para que siempre quieras lo que haces.

Texto disparador: Y usted, ¿qué haría, y por qué?

Gracias por sintonizarnos esta noche damas y caballeros radioescuchas, tengan ustedes muy buenas noches. Sean todos muy bienvenidos, hoy Día internacional de la acción filosófica, a su programa Y usted, ¿qué haría, y por qué?, que esta noche se complace en presentarle la siguiente lista resumida de casos para su profunda y ética consideración. Sin más, ¡comenzamos!

Caso primero: el capitán John Mill será enjuiciado por el homicidio de la mayoría de sus propios pasajeros después del naufragio de su navío: en las congeladas aguas cerca del Glacial Ártico un crucero turístico, en recorrido de placer para contemplar las auroras boreales, naufragó y los pasajeros no lograron disponer de los botes salvavidas. Un grupo de cien personas, guiados por el capitán Mill, logró sobrevivir al hundimiento del navío al alcanzar subir a un témpano de hielo de escaso grosor. Lograron recuperar de las gélidas aguas un escueto suministro de agua y alimentos. Un tercio del grupo eran personas jóvenes y sanas. Entre los otros dos tercios del grupo se contaban ancianos jubilados de vacaciones y personas desahuciadas por diversas enfermedades terminales en búsqueda de cumplir sus últimos deseos al mirar el espectacular fenómeno de una aurora boreal. El capitán calculó, con base en la cantidad de agua potable, alimentos, y en la fragilidad de su contingente medio de flotación, que no todo el grupo podría resistir en tales condiciones hasta ser rescatados pues no contaban con la manera de pedir ayuda y dependían del evento fortuito de encontrarse con otro navío. Por lo que decidió arrojar al helado mar a los dos tercios del grupo que consistían de ancianos y personas desahuciadas, eligiendo salvar al tercio de personas jóvenes y sanas. Y usted, ¿qué haría, y por qué? Llamé ahora para compartir con nosotros su disertación y hágase acreedor de un flamante ejemplar finamente empastado de la Ética nicomáquea del afamado pensador griego Aristóteles.

Caso segundo: esta noche varias familias están pasando la noche más negra y amarga de su vida al confirmarse la noticia de que sus anhelados bebés han fallecido debido a que los órganos que desesperadamente requerían para vivir no les fueron trasplantados oportunamente. A pesar de que tales órganos fueron donados por la familia Pérez, padres de una bebé recién nacida con anencefalia (malformación congénita en la que falta el encéfalo o tiene un desarrollo rudimentario) y tenía, por tanto, poco tiempo de vida. El caso ha incitado acérrimas discusiones a lo largo de la nación pues en este caso los trasplantes no ocurrieron debido a la escasez habitual de órganos donados, sino debido a que la ley impide quitarle la vida a alguien para tomar sus órganos en beneficio de alguien más. Y usted, ¿qué haría, y por qué? Llame ahora, ofrezca un razonamiento ético bien formulado y llévese a su casa un flamante ejemplar de la Biblia judeocristiana interlineal hebreo – griego – español, acompañada del muy esclarecedor aparato crítico correspondiente a su traducción.

Caso tercero: la mesa de discusión de esta noche, que iniciaremos en una hora más o menos, tendrá por tema la infidelidad en relaciones romántico-sentimentales y los criterios por los que tal infidelidad pueda ser el motivo principal para la exclusión de o inclusión en la confraternidad de determinados grupos sociales, religiosos o laicos. El punto de partida en la mesa de esta noche será el caso de la joven mujer que recién estalló iracunda en contra de su pareja sentimental, quien le fue infiel, y que ella denunció ante su congregación religiosa de la cual exige la inmediata expulsión del acusado. Analizaremos también la posición del inculpado, quien es un líder reconocido en la misma congregación religiosa, y analizaremos la documentada defensa que hace a favor de su caso al presentar una muy bien formulada teoría teológica basada en versículos bíblicos con la cual literalmente pone al dios misógino judeocristiano de su lado. Afirmando que en «la Palabra de Dios» está claramente estipulado y justificado el preferir satisfacer las necesidades del hombre por encima de las necesidades de la mujer, especialmente en el aspecto sexual. Y usted, ¿qué haría, y por qué? Prepare usted su respuesta durante la siguiente hora y llamé más tarde, en la sección de participaciones del público después de la mesa de discusión, y recibirá un fabuloso arcón filosófico de regalo con las publicaciones sobre las mujeres, y su sexualidad, del filósofo alemán Arthur Schopenhauer.

Caso cuarto: el caso de la señora Pérez, quien fue diagnosticada con una terrible enfermedad hepática que la condenaba a una lenta y muy dolorosa agonía, y penosa muerte, a menos que recibiera de inmediato el correspondiente trasplante de hígado. Sus seres queridos emprendieron numerosas acciones en búsqueda de posibles soluciones. Desde buscar ayuda internacional en hospitales y listas de espera en plazas foráneas hasta realizar todo tipo de ritos religiosos como campañas de rezos y ayunos. La condición de la señora Pérez se deterioraba rápidamente y ella consideró seriamente autorizar a su médico para ayudarle a morir y así acortar el creciente dolor y la miseria que se avecinaba. Sin embargo, su familia le exigía esperar y aguantar el dolor bajo el argumento que si prefería la muerte asistida perdería su alma por toda la eternidad. Fue entonces que en un inesperado giro su condición empezó a mejorar ante la sorpresa y desconcierto de su médico, mismo que al no poder explicar la mejora tampoco podía asegurar que la condición no regresaría, y con ella el dolor. Y usted, ¿qué haría, y por qué? Por favor absténgase de llamar, para esta reflexión considere la recompensa inherente de la acción virtuosa que consiste en el hecho mismo de haberla hecho, y no como medio para conseguir algún otro fin. La recompensa es la propia acción virtuosa como búsqueda del ser, sin necesidad alguna de aspirar a ganar ningún premio como búsqueda del tener.

Bibliografía propuesta

  1. Introducción a la ética. Raúl Gutiérrez Sáenz.

  2. Ética. Adolfo Sánchez Vázquez.

  3. Introducción a la filosofía moral. James Rachels.

  4. Reflexiones sobre filosofía moral. Immanuel Kant.

  5. Crítica de la razón práctica. Immanuel Kant.

  6. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Immanuel Kant.

  7. Introducción a la filosofía. José Rubén Sanabria.

  8. Ética nicomáquea. Aristóteles.

  9. Ética sin religión – para una educación cívica laica. Esperanza Guisán.

  10. La Biblia – Antiguo y Nuevo testamento.

  11. Ética sin metafísica. Günther Patzig.

  12. Enseñar filosofía en el siglo XXI – herramientas para trabajar en el aula. Fernando Cazas.

  13. Más allá del bien y de mal. Friedrich Nietzsche.

  14. Antimanual de filosofía. Michel Onfray.

  15. Ética como amor propio. Fernando Savater.

  16. Ética para Amador. Fernando Savater.

  17. Ética. Baruch de Spinoza.

  18. El utilitarismo. John Stuart Mill.

  19. Sobre la libertad. John Stuart Mill.

  20. El contrato social. Juan Jacobo Rousseau.

  21. Sobre la sexualidad femenina. Sigmund Freud.

Tuesday, June 21, 2011

Ontología general y filosofía de la religión

Contenido

Entonces, ¿para qué filosofar?

¿En qué punto vamos?

Réplicas a los textos disparadores

Réplica al texto disparador I:

Réplica al texto disparador II:

Réplica al texto disparador III:

¿Qué es la Ontología general?

¿Qué es la religión?

Fuentes bibliográficas

Entonces, ¿para qué filosofar?

Una actitud emprendedora conlleva asumir los riesgos inherentes a las dificultades e incertidumbres de elegir un proceder poco frecuentado. La empresa de indagar y dar cuenta ante sí mismo de las cuestiones más generales y de gran envergadura del fenómeno humano —las cuestiones del pensamiento filosófico— se cuenta entre las empresas con menos popularidad en nuestros días. La dificultad es considerable, la incertidumbre es alta para el logro de algo en términos de dinero, por lo que los riesgos son altos ante los ojos del proceder popular. Tal perspectiva se puede explicar si tal empresa se considera sólo bajo una perspectiva cortoplacista, en la cual la gratificación instantánea sea el derrotero cardinal por el cual se juzga lo valioso, lo digno, lo respetable. Por supuesto que tal perspectiva desatina en los alcances del pensar filosófico al juzgarlo sólo en términos estrechos que por su índole son restrictivos y superficiales, mientras que analizar críticamente requiere necesariamente tanto amplitud como profundidad. En otras palabras, el pensar filosófico no se aclimata en la prisa y en el saltar precipitadamente a conclusiones donde la consideración cuidadosa y esmerada sea lo que se amerite. Por lo que el pensar filosófico no conjuga bien con lo irrelevante o lo trivial sino que, por el contrario, combina muy bien con lo realmente trascendental e importante en la vida de una persona.

Lo anterior, por supuesto, de ninguna manera demerita lo concreto de la razón práctica, al contrario, le aprovisiona un soporte coherente sobre el cual apoyar firme y provisionalmente el actuar cotidiano. Un ejemplo de tal soporte coherente que el pensamiento abstracto del filosofar ha cooperado a construir es el pensamiento científico, cuyo modelo para conocer e interpretar la realidad natural ha generado una espectacular pauta de logros indiscutibles en tantas áreas de la vida humana.

Darse a la tarea de la indagación filosófica puede aparentar todavía más riesgo si se emprende por cuenta propia o como parte de una comunidad filosófica autónoma, sin tutelas institucionales. En particular debido a que el principio de autoridad, por el cual una proposición se acepta como cierta dogmáticamente, aún hoy hace inconcebible toda posible crítica en muchas áreas de la sociedad actual. Incluyendo algunas instituciones del gremio educativo que defraudan el pensamiento filosófico al excluirlo o presentarlo superficialmente. Además, a decir del multifacético bombardeo propagandista tanto de la sociedad de consumo, de partidos políticos y religiosos, del Estado, así como del gremio educativo para perpetuar sus posiciones laborales, parece que el individuo está obligado a optar por algún ya elaborado sistema de creencias ante el cual deba someterse, apoyar y trabajar para su proliferación; a partir del supuesto que tal proceder es ultimadamente para el beneficio del individuo. Así que la tarea de cuestionar y analizar el rumbo de esos elaborados sistemas de creencias siempre parece estar en las manos de las así llamadas autoridades y nunca del individuo. Sin embargo, el individuo que reconsidera, al tomar en serio su pertenencia a la especie humana, y analiza su rumbo actual desde perspectivas amplias, bien puede optar por tomarse el tiempo necesario para dar cuenta ante sí de sistemas de creencias —ya existentes o propios— que coincidan honestamente con su ser y con el tipo de aportación que busque ofrecer al rumbo de la Humanidad.

El pensar filosófico nos ayuda a someter bajo examen crítico sólo las ideas de mayor relevancia personal. Por ejemplo, al pensar acerca de liderazgo no puedo dejar de preguntarme, dadas las condiciones del mundo hoy: la sociedad de consumo, las marcadas desproporciones en pobreza, riqueza, libertad, etc., ¿esto es a lo que los así llamados “líderes mundiales” han podido llevarnos? Y como la mayoría de la población no parece que impugnemos nada de fondo sino que vamos con el “sistema” como si proviniera directamente de la Naturaleza, entonces creo que tenemos lo que merecemos. Tal vez hay algo muy torcido en las nociones de liderazgo que han participado en este estado de cosas. Tal vez es la noción misma de liderazgo como lo define el diccionario de la Real Academia Española: «situación de superioridad en que se halla una empresa, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito». Tal vez es la doble moral que proviene, en ciertos tipos de liderazgo, de mecanismos de evasión de la libertad, como ese sadismo velado, que ya apuntaba Erich Fromm en su obra El miedo a la libertad: «Yo te mando porque sé qué es lo que más te conviene, y en tu propio interés deberías obedecerme sin ofrecer resistencia». Tras lo cual, no pocas veces, está lo equivalente a un proxeneta que piensa que los demás deben trabajar para él o ella, y la confusión ocurre al etiquetar eso como “liderazgo”. En contraste, los valores y prácticas del liderazgo como servicio son más atractivos para mí. El pensar filosófico ayuda a seguir analizando los rumbos de los así llamados expertos, para seguir sopesando, como dice Malcolm Gladwell, la diferencia entre la competencia que creemos que tienen esos expertos y el nivel de competencia real que exhibe su conducta. El pensar filosófico ayuda a reconocer mi propia ignorancia y a formular preguntas relevantes en consecuencia. Por ejemplo, ¿cuánto disminuiría la descalibración que menciona el escritor y conferencista Gladwell si la autocrítica fuese algo que desde niños aprendiéramos a través de observar el ejemplo de autocrítica en los adultos?

¿En qué punto vamos?

Llegó el momento, en este seminario de introducción al pensamiento filosófico, de considerar cuidadosamente los conceptos relativos a la frecuentemente malinterpretada Metafísica; en su tronco principal llamado Ontología general. Desde la perspectiva filosófica, la metafísica investiga la naturaleza de la realidad última, el ser en cuanto tal. ¿Qué es ser? ¿Qué es la existencia? ¿Qué somos nosotros, y el Universo, ultimadamente?

A decir de la dificultad en responder las preguntas recién planteadas, es de esperarse muchos y distintos tipos de respuestas. El humano quiere conocer y tiene necesidad de ello. Por lo que ante las preguntas acerca del ser y de la existencia el humano ha intentado responder con lo que tiene a su alcance: sus propias facultades humanas (¿cómo podría responder de otro modo? ¿Acaso la forzuda hormiga podría seguir siendo lo que es al conocer, comportarse, y existir como lo hace un humano? En ese caso ya no sería hormiga sino humano; y sin embargo, la Ontología general es la minuciosa reflexión acerca de si estas preguntas pueden ser respondidas de alguna manera). Entre las respuestas que el humano se ha dado ante el ser y la existencia están las propuestas por el fenómeno de la religión; por ejemplo, algunas religiones tradicionales afirman un dualismo ontológico con el cual nos dicen que los humanos somos dos entidades: cuerpo y alma, y que dicha alma es independiente del cuerpo y de su biología. Tal afirmación abre la puerta a toda clase de afirmaciones acerca de la existencia de seres y lugares sobrenaturales. Las implicaciones de tales afirmaciones son colosales —para la persona y para la sociedad— por lo cual es necesario analizar críticamente tanto el contexto como el soporte para las mismas. De ahí que para esta sesión se haya incluido la reflexión que se desprende de la pregunta: ¿cuál es la idea de religión?

Réplicas a los textos disparadores

Réplica al texto disparador I:

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Réplica al texto disparador II:

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Réplica al texto disparador III:

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¿Qué es la Ontología general?

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¿Qué es la religión?

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Fuentes bibliográficas

  1. Filosofía de la ciencia y teología fundamental. Helmut Peukert. Editorial Herder. ISBN 84-254-2068-7.

  2. Filosofía de la religión – Estudios y textos. Manuel Fraijó, editor. Editorial Trotta. ISBN 84-8164-489-7.

  3. Lecciones sobre la filosofía de la religión. Immanuel Kant. Ediciones Akal. ISBN 84-460-1471-8.

  4. Lecciones preliminares de filosofía. Manuel García Morente.

  5. Las ciencias de la cultura. Ernst Cassirer. Fondo de Cultura Económica. ISBN 968-16-7674-2.

  6. Foundations for a Christian worldview.

  7. What the Bible Really Teaches: About Crucifixion, Resurrection, Salvation, the Second Coming, and Eternal Life. Keith Ward.

  8. Re-thinking Christianity. Keith Ward

  9. A History of God: The 4,000-Year Quest of Judaism, Christianity and Islam. Karen Armstrong. ISBN 03-453-8456-3.

  10. Philosophy of Religion: An Introduction. William L. Rowe. ISBN 04-950-0725-0.

  11. General Introduction to the Bible. Norman Geisler. William Nix. ISBN 978-0802429162.

  12. Jesús - una biografía. Armand Puig. ISBN 978-950-9009-78-3.

  13. Historia del cristianismo. Paul Johnson. ISBN 978-8466618915.

  14. Historia del cristianismo. Alain Corbin. ISBN 978-84-344-5347-0.

  15. The Canon of the New Testament: Its Origin, Development, and Significance. Bruce M. Metzger. ISBN 978-0198269540.

  16. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption, and Restoration. Bruce M. Metzger. Bart D. Ehrman. 4th Edition. ISBN 978-0195161229.

  17. The Living Text of the Gospels. D. C. Parker. ISBN 978-0521599511.

  18. The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings. Bart D. Ehrman. ISBN 8-0195322590.

  19. An Introduction to the New Testament Manuscripts and their Texts. D. C. Parker. ISBN 978-0521719896

  20. Conferencia “Hablemos de mitos, místicos y religiones” por Juan Galván Paulín. Capilla Gótica – Instituto Cultural Helénico. Marzo 2011

  21. God and the New Physics. Paul Davies. ISBN 06-715-2806-8.

  22. The Mind of God: The Scientific Basis for a Rational World. Paul Davies. ISBN 0671797182.

  23. Dios, una breve historia. John Bowker. Editorial Grupo Oceano. ISBN 97-0651-719-7.

  24. Las ciencias de la cultura. Ernst Cassirer. Fondo de Cultura Económica. ISBN 968-16-7674-2.

  25. Ética y diversidad cultural. León Olivé. Fondo de Cultura Económica. ISBN 968-16-7296-8.